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jueves, 13 de octubre de 2016

La transformación


El restaurante podría, y debería, haber sido otra cosa: un buen entorno, la playa cerca, facilidades para aparcar…Pero el dueño se había emperrado en convertir aquello en un sitio infecto al que ya solo acudían las cucarachas, unos insectos hermosos, lustrosos, unos bichos que se movían con plena soltura entre las mesas y las sillas, la barra y la cocina. Poco a poco, los escasos humanos que por allí se acercaban acabaron huyendo despavoridos en busca de una competencia más higiénica. Un buen día, un lugareño y antiguo cliente puedo apreciar que de buena mañana salían del interior del restaurante unos hombres hermosos, lustrosos, por lo que solo pudo aventurar una conclusión que intuía irrefutable: como en aquella obra maestra de Kafka, pero a la inversa, los insectos mutaron en humanos, en unos improvisados Gregorios Samsa. Toda una metamorfosis. ¿O mejor transformación? 

sábado, 17 de septiembre de 2016

El rubor


El chico de la farmacia acudió raudo a la despensa para despachar la receta que le había sido mostrada. Pero no era fácil de encontrar, pues Cialis no era un analgésico o un antiinflamatorio que se vendiese a porrillo, y cada empleado lo ponía, a modo de escondite, donde más le apetecía. El cliente se impacientaba, por lo que ya no era un paciente sino todo lo contrario. Cuando el dependiente llegó con la cajita, el hombre dijo, con la cara enrojecida, que aquello no era para él, que era para su padre. Ante esa excusa no solicitada, otro empleado de la farmacia que contemplaba la escena no pudo menos que sonreír y decir al cliente que el enrojecimiento facial aparecía después de tomar esa medicación, nunca antes.